6/2/16

Homero Aridjis: La forma de tu ausencia


Ni un momento
he dejado de ver en este cuerpo
la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida del amor
y del hambre.

Homero Aridjis (1940-)

Franco Battiato: La cura




FRANCO BATTIATO: «LA CURA»
Un soffio nel cuore di natura elettrica, 2005

«Tejeré tus cabellos como tramas de un canto.
Conozco las leyes del mundo... y te las daré.
Superaré la corrientes gravitacionales,
el espacio y la luz para no dejarte envejecer».



. . .

Ti porterò soprattutto il silenzio e la pazienza.
Percorreremo assieme
le vie che portano all'essenza.
I profumi d'amore
inebrieranno i nostri corpi,
la bonaccia d'agosto non calmerà i nostri sensi.
Tesserò i tuoi capelli come trame di un canto.
Conosco le leggi del mondo... e te ne farò dono!
Supererò le correnti gravitazionali,
lo spazio e la luce per non farti invecchiare.
Te salverò da ogni malinconia,
perché sei un essere speciale, ed io avrò cura di te;
io sì, che avrò cura di te.

14/12/15

Henri Nouwen: Trapecios

La compañía procedía de Sudáfrica y se llamaba The Flying Rodleighs. Sus actuaciones tocaban algo muy profundo en Henri y eran como la materialización de sus deseos más osados. Para él, estos trapecistas mostraban de una forma insuperable qué es la vida: Caer y levantarse. Atreverse a saltar y ser recogido. Confiar. Poder entregarse el uno al otro.

«Si pretendes ser una estrella, estás perdido», le habían dicho. «Sin modestia no puedes estar en esto del circo». En una conversación de caravana, el jefe de los Flying Rodleighs le explicó qué era lo realmente importante en sus actuaciones:

—Mira —dijo Rodleigh—, el secreto consiste en que el volador no haga nada y que el receptor lo haga todo. Cuando vuelo hacia Joe solo tengo que extender los brazos y las manos, y esperar que él me agarre y me devuelva a la plataforma.

—¿Y tú no haces nada? —respondí muy sorprendido—. No, absolutamente nada —respondió Rodleigh—. Lo peor que puede hacer el volador es intentar atrapar al receptor. Yo no tengo que agarrar a Joe, sino Joe a mí. [...] Un volador solo vuela, un receptor solo recoge; el volador, con los brazos extendidos, debe confiar completamente en que ¡su receptor lo agarrará en el momento perfecto!

Cuando Rodleigh me contó esto, con tal convicción, me vinieron a la mente las palabras de Jesús: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Morir significa ¡confiar absolutamente en el receptor! Y cuando atiendo a un moribundo, le digo: «No tengas miedo. Piensa que eres el hijo amado de Dios. Él estará en su sitio cuando tú des el gran salto. No intentes agarrarlo a él, él te agarra a ti. Solo extiende las manos y confía, confía, confía!».


Henri Nouwen: Geliebt sein
Herder, 2009

22/11/15

Hesse, la salvación

Qué limpios los relatos de Hesse y qué ajustados a su época con esa búsqueda de una salvación en el arte. Así es tanto para él como para su cohorte de álter ego literarios: Narciso y Goldmundo, Harry Haller, Emil Sinclair en Demian o el pintor Klingsor en su último verano.
 
Ante el desastre europeo, ¿de qué nos ha servido el arte anterior a la Guerra, más aún, la empresa civilizatoria entera? El arte habría de ser algo más que una actividad distinguida y placentera; algo como anclaje y raíz ahora que «nuestra bella razón se ha vuelto locura, nuestro dinero es papel, nuestras máquinas solo pueden disparar y explotar, nuestro arte es suicidio».
 
Posiblemente el autor no creyera viable esa sociedad sustentada en el arte, y de ahí el esteticismo afligido e hipocondríaco que envuelve los lagos suizos. «Para mí no veía otra posibilidad que no fuera volver a la poesía, tanto si el mundo necesitaba la poesía como si no». Una forma extrema de literaterapia. Acaso poco para ti: una tabla de salvación para mí.

 

30/10/15

Presentando a Ester Folgueral en Madrid

El viernes 30 de octubre estuve junto a Ester Folgueral en su última presentación, esta vez en Madrid, de «Toma de tierra» (Editorial Gravitaciones, 2015). Presentaron a la autora los poetas Sara R. Gallardo y Juan Carlos Mestre.

Ester Folgueral (El Bierzo, León) es poeta, periodista y profesora de escritura creativa. Después de Iucharba (1988), La espada azul (1995), Memoria de la luz (2006) y Lo indestructible (2010) —así como varias plaquetes y antologías—, Toma de tierra es su quinto poemario publicado.

 
 
 
 

9/10/15

Presentando a Lena Yau en Madrid

El viernes 9 de octubre acompañé a Lena Yau en la presentación en Madrid de «Trae tu espalda para hacer mi mesa» (Editorial Gravitaciones, 2015). El acto tuvo lugar en la Biblioteca Eugenio Trías - Casa de Fieras, en el Parque de El Retiro de Madrid.

 
 
 
 

28/9/15

Avidez de lenguaje

Tras la desaparición de José-Miguel Ullán en 2009, Fernando Menéndez emprende «Penúltimo danzante» (Ed. La Baragaña, 2013) movido por una "avidez de lenguaje", esto es, por asumir un campo más amplio de materiales poemáticos, por incorporar registros y motivos muy dispares que se deslizan como voces en un mismo texto.


 

18/9/15

Presentando a Ester Folgueral en Gijón

El viernes 18 de septiembre acompañé a Ester Folgueral en la presentación en Gijón de «Toma de tierra» (Editorial Gravitaciones, 2015). El acto tuvo lugar en el Centro de Cultura Antiguo Instituto, con la afectuosa introducción de Miguel Ángel Varela, director del Teatro Bergidum de Ponferrada.

 
 
 

10/9/15

I Encuentro de Editoriales Independientes de Asturias

El pasado jueves 10 de septiembre participé con Editorial Gravitaciones en el I Encuentro de Editoriales Independientes celebrado en LABoral Centro de Arte y Creación Cultural (Gijón).

Compartimos auditorio con Aventuras Literarias, Ediciones Malasangre y Rema y Vive Editorial, conversando sobre ciertos aspectos claves del sector, como la venta y promoción de libros, el agotamiento del modelo editorial clásico o las perspectivas abiertas por las redes sociales. El acto fue promovido por Toma 3 Gijón.

 
 
 

19/8/15

Visión y composición

Al igual que una persona puede no sentir por sí misma, pero aun así desenvolverse socialmente de forma correcta e incluso brillante, hay escritores que no ven ni experimentan, sino que basan su oficio en la composición, la construcción, el entramado de frases, ideas y argumentos.

La idea aparece varias veces en Rilke y Tolstói como clave del oficio. Componer texto no es hacer literatura —producir obra no es hacer arte—, pues los parámetros del trabajo ordinario resultan inaplicables. Somos silencio y visión.

17/8/15

Rilke: Aprender a ver

«Creo que debería empezar a trabajar un poco, ahora que aprendo a ver. Tengo veintiocho años y, por así decir, no ha pasado casi nada. Repasemos: he escrito un estudio sobre Carpaccio, que es malo; un drama titulado "Matrimonio", que pretende demostrar una tesis falsa por medios equívocos; y versos. Sí, pero ¡los versos no significan nada cuando se escriben demasiado pronto! Se debería esperar, y atesorar sensibilidad y dulzura toda una vida (a ser posible una vida larga), para luego, al final, quizá poder escribir diez líneas que sean buenas. Pues los versos no son, como algunos creen, sentimientos (estos se tienen muy pronto): son experiencias. Para escribir un solo verso hay que haber visto muchas ciudades, personas y cosas; hay que conocer a los animales; hay que sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué gestos hacen las florecillas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de lugares desconocidos, en encuentros inesperados y en despedidas que hacía tiempo se veían llegar; en días de infancia que no somos capaces de explicar; en nuestros padres a los que heríamos cuando nos traían una alegría y no la comprendíamos (habría sido una alegría para otro); en enfermedades de infancia que comienzan tan singularmente, con transformaciones graves y profundas; en días transcurridos en habitaciones tranquilas y recogidas; en mañanas al borde del mar, en el mar mismo, en mares, en noches de viaje que susurraban en lo alto y volaban con todas las estrellas... y aún no será suficiente con poder pensar todo esto. Es necesario tener recuerdos de muchas noches de amor, en las que ninguna se parece a otra; de gritos de parturientas y de leves, blancas, durmientes mujeres paridas, que se cierran. Es necesario haber estado al lado de los moribundos; haber permanecido sentado junto a los muertos en la habitación, con la ventana abierta y los ruidos que llegan como golpes. Y aún no bastará con tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos, cuando son muchos, y tener la paciencia de esperar hasta que vuelvan. Pues los recuerdos mismos no son lo que buscamos. Solo cuando se convierten en nuestra sangre, mirada y gesto; cuando no tienen nombre y ya no se los distingue de nosotros mismos; solo entonces puede suceder que en la hora más insospechada, surja entre todos ellos la primera palabra de un verso y se eleve».

Rilke, 1910
Los apuntes de Malte Laurids Brigge

31/7/15

Tanizaki: Grados de sombra

La modernidad es también destrucción de lo misterioso. A barridos de luz halógena y sustancia desinfectante, lo técnico irrumpe en lo secreto; lo arrasa. Código de barras, psicoanálisis, GPS... uno no puede ni perderse.

Ciertas artes de Oriente fueron creadas para la penumbra y el fulgor parpadeante de un candelabro. Frente a medida y proporción, una estética de los grados de sombra.

«Cuando me encuentro en (un aseo japonés) me complace escuchar una lluvia suave y regular. Esto me sucede, en particular, en aquellas construcciones características de las provincias orientales donde han colocado a ras del suelo unas aberturas estrechas y largas para echar los desperdicios, de manera que se puede oír, muy cerca, el apaciguante ruido de las gotas que, al caer del alero o de las hojas de los árboles, salpican el pie de las linternas de piedra y empapan el musgo de las losas antes de que las esponje el suelo. En verdad, tales lugares armonizan con el canto de los insectos, el gorjeo de los pájaros y las noches de luna; es el mejor lugar para gozar de la punzante melancolía de las cosas en cada una de las cuatro estaciones y los antiguos poetas de haiku han debido de encontrar en ellos innumerables temas».

Tanizaki, 1933
El elogio de la sombra, Siruela